viernes, 20 de julio de 2007

Mahagonny, la ciudad del placer, en Madrid



Entre ópera y musical, Ascenso y caída de la ciudad de Mahagonny es una oportunidad estupenda para

a) ver una obra de Bertolt Brecht y Kurt Weill y plantearse luego si descubrimos las semejanzas con nuestra propia sociedad, tan actual es

b) conocer las Naves del Español en el Matadero de Madrid, el nuevo espacio cultural de la capital

c) disfrutar de una puesta en escena brillante, con un escenario enorme que permite ver a los actores-cantantes muy, muy cercanos, al lado, obra de Mario Gas

d) disfrutar, además, de unos coros brillantísimos, más, en mi opinión, que muchos solos de los actores principales.

Si tengo que decidir entre ópera y musical, he de confesar que puedo opinar más de musicales que de ópera. Y esta obra está a medio camino entre ambos, aunque tenga momentos operísticos más brillantes que los meramente musicales. Con una música fantástica de Kurt Weill, una historia político-moral de Brecht y un montaje audiovisual muy logrado, el ritmo de la creación de la "ciudad del placer" durante la primera parte es trepidante. La voz en off de Santiago Ramos es perfecta para guiarnos por la aparición de la ciudad, la llegada de los tres delincuentes fundadores, la aparición de las prostitutas lideradas por Jenny Smith y la entrada en la ciudad de los rudos trabajadores de las minas y bosques de Alaska, entre los que se encuentra Jim Mahoney. Las peripecias de Jimmy en una ciudad donde se acumulan los placeres, pero también las
prohibiciones, se interrumpen por la llegada de un tifón que, tras arrasar la ciudad, desata una revuelta que lleva a Mahagonny a ser el paraíso de los hombres: todo se permite y se permite en exceso, tanto, que los amigos de Jimmy mueren de una comilona y en una pelea. En la borrachera final tras la juerga, Mahoney invita a beber a todos, pero no tiene dinero, y no tener pasta es lo único que no se perdona en la ciudad. Es más, pueden echarte dos noches de arresto por no ayudar a un amigo pero es pena de muerte si no pagas tus deudas. Condenado, ni una sóla persona se ofrece a pagar la deuda por él y Jimmy muere, abandonado por todos.

La escena final de manifestación de los habitantes de Mahagonny es genial. Con pancartas en las que se puede leer "Por la injusta distribución de los bienes terrenales", "Por la libertad de los ricos", "Por la corrupción", "Por la justicia", "Por la justa distribución de los bienes supraterrenales", el coro se eleva por encima de todo para dejarnos con esa ciudad en la que todos los principios inmorales son los que se reivindican.

Aunque tiene aspectos muy brillantes, reconozco que hubo momentos en los que la adaptación al castellano me chirriaba. Parecía que muchas palabras, muchas sílabas estaban encajadas en la música y, en algunos momentos, incluso me disgustaba. Pero el resultado final es muy recomendable. Imprescindible porque no hay muchas ocasiones de ver a Weill y Brecht sobre el escenario. Ojalá veamos pronto La ópera de tres centavos en escena!!

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