martes, 27 de marzo de 2007

¡Rebelión!


Sí, Capra ha vuelto, y ha elegido la Sala Cuarta Pared de Madrid para hacerlo. Pero ha vuelto renovado, ampliado. Si el gran director de cine mostraba en sus pelis al héroe solitario que trata de recuperar de las garras de los corruptos las verdaderas esencias de los valores más puros (la Justicia, la Verdad, la Bondad, la Democracia), Luis García Araus y Javier G. Yagüe nos muestran que también hoy existen "Rebeldías Posibles".


El héroe anónimo (José García, el John Doe o el Mr. Smith de Capra) decide reclamar a una operadora telefónica, Telefón, los 28 céntimos que le han cobrado injustamente, aunque para ello se arruine. Su integridad, sus valores, le llevan incluso a ser despedido para poder asistir al juicio. Lo que no preveé es el ejemplo que eso va a suponer para otra gente. Su lucha ideal por un mundo mejor, por recuperar los derechos perdidos y la dignidad machacada, harán que los de su alrededor también se rebelen, pero de una forma que García ya no comparte, con nuevos medios. Ya no son suficientes la fé en la Justicia y en las leyes, sino que se adoptan nuevas formas con las que García no está de acuerdo (scraches, sentadas, okupaciones, sabotajes, denuncias en televisión...) porque se salen de los cauces establecidos.


El héroe de Capra es superado por una realidad que se impone. El sistema ha canalizado tanto las formas de protesta que se hacen necesarias nuevas maneras de rebelarse cotidianamente. Las pequeñas luchas, las rebeliones cotidianas para recuperar los valores, la dignidad (representados por una mujer que intenta conseguir una vivienda, un joven que trata de apostatar, un padre que lucha por la vida de su hija frente a la burocracia) cuestan más, son más difíciles, que dejar pasar las humillaciones, bajando la cabeza. Es más cómodo, y más fácil, someterse que rebelarse. La lucha frente a la resignación que obliga no sólo a protestar sino a reclarmar, a exigir, a hacerse oír.

La Compañía Cuarta Pared (con unos estupendos Asu Rivero, Frantxa Arraiza, José Melchor, Javier Pérez-Acebrón y José Sánchez y una -me temo- más flojita María Antón) nos acompaña a través de este "cuento" -rebelándose ellos mismos incluso contra lo escrito, contra el cuento que no les gusta-, recordándonos que las pequeñas luchas, las rebeliones cotidianas son posibles, se siguen dando diariamente aunque no nos demos cuenta y que, esas pequeñas rebeldías posibles, juntas, tienen un gran valor y una fuerza que pueden convertirlas en algo mucho mayor. ¿Por qué no? Sólo hay que rebelarse.

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