jueves, 8 de marzo de 2007

Un provocador en el Real: el Wozzeck de Bieito, con polémica



Sí, allí estaba : la provocación “punk” en el escenario del Real. Os prometo que cuando vi cómo le echaban al protagonista una especie de vómito por encima, cómo pringaban a otro de una supuesta sangre, el personaje del doctor lamía el cuerpo “muerto” de una chica y otros dos personajes simulaban follar, me hizo muchíisma gracia porque me pareció una actitud punk: hacerlo en una sala de teatro alternativo no es lo mismo que hacerlo en la meca del rancio conservadurismo: el Teatro Real de Madrid. Y eso es tener una actitud punki, creo yo.
¡Bravo por Calixto Bieito! Cada vez me parece más divertido ver sus provocaciones y, sobre todo, ver cómo se molesta la gente. En el Real, rodeada de gente de más de 50 años que compran sus abonos todos los años para ver ópera, o sea, ricos (los pobres sólo podemos ir invitados… Valga este post para señalar el carácter absolutamente clasista e injusto de la ópera en este país. No entiendo por qué no se programa más ópera a precios populares. ¡Qué diferencia con otros países europeos donde la ópera y la música clásica están continuamente en la calle como algo cercano y accesible!) Aquí es absolutamente clasista), me encantó ver cómo se revolvían en su asiento cuando los cuerpos muertos y desnudos se apilaban en el escenario o cuando, al final, todos los extras salen desnudos mirando al público.
Lo que a mí me pareció muy bello, dicho sea de paso. Esta aparición del desnudo en las obras que monta Bieito me parece de lo más valiente. La gente se siente muy incómoda viendo gente desnuda sobre el escenario. Nos sentimos muy incómodos. Y Bieito lo sabe. Los desnudos en las obras que monta el director catalán tienen sentido siempre. Al menos para mí. No son gratuitos. Y la incomodidad se desvanece cuando aceptamos que estamos viendo “verdad”. Es lo que somos: cuerpos humanos, unos estéticamente más agradables que otros, pero todos bellísimos porque es la esencia que nos une. Una parte, la más material, es nuestro cuerpo. Es lo que tenemos, con lo que nos situamos en el mundo. Y, por eso, mostrarlo desnudo es un acto de homenaje. Y de provocación porque, paradójicamente, nos sentimos incómodos viéndonos tan vulnerables. Viendo a los actores tan vulnerables.
Pero Bieito no sólo provoca con esto. Provoca mostrándonos un mundo desolado, pobre física y moralmente, donde los poderosos utilizan a los trabajadores para sus propios fines y donde trabajar para sobrevivir, en un mundo contaminado e intoxicado, es lo único que queda. Un mundo en el que un rayo de sol puro y un trocito de césped verde significa la felicidad, donde los niños no pueden respirar sin estar enganchados a una bomba de oxígeno… Un mundo donde los muertos se compran y venden.
La mitad del público se fue rápidamente de la sala, sin aplaudir. Muchos nos quedamos y aplaudimos a los magníficos intérpretes de la Orquesta del Real y a los actores-cantantes (con papeles muy difíciles ya que durante la mayoría de la ópera recita y no cantan).

Y, pese a todo, se me hizo muy larga. Reconozcámoslo: operísticamente, no tengo mucha base musical. Vamos, que no tengo mucha idea. Y se me hizo muy difícil esta ópera para melómanos. Por eso siempre me llevo a algún colega “experto”. El amigo que me acompañó me aseguró que musicalmente es una gran ópera, pero me señaló, muy acertadamente, que había muchísimos guiños que probablemente sólo entenderán los que hayan visto “Wozzeck” muchas más veces representada y la hayan escuchado algunas veces más. No es una ópera fácil y, en esta versión, menos aún. No tiene un nivel para aficionados, otro para entendidos y otro para expertos. Casi toda es para expertos y, los que no lo somos, nos quedamos un poco abandonados…y aburridos. Es una pena.

Fecha: 19/01/2007

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